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Clase de Adolescentes

2ª Clase: La mujer del frasco de alabastro  

Publicado em 10 de outubro de 2026

Tiempo de lectura:

6–8 minutos

Tamaño:

1.309 palavras

Índice

Tema: ¿Sabes tú lo qué es la salvación?

“Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc. 7:50.

El objetivo de la lección es mostrar que somos salvos por la gracia, por medio de la fe en Jesús, y que queremos amarlo cada día más, estar cerca de Él y dedicar nuestra vida a Él.


Introducción

Este mes, estamos aprendiendo más sobre la Salvación en Jesús. También estamos celebrando la Fiesta de la Dedicación, que es cuando nos dedicamos más al Señor, entregamos más nuestras vidas al Señor, porque Él nos salvó. Y la pregunta es: ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Estamos amando más a Jesús? ¿Estamos entregando nuestras vidas al Señor? Hoy vamos a conocer a una mujer que era rechazada por muchos, pero que fue y entregó su corazón a Jesús. ¿Qué sucedió? Eso es lo que vamos a ver.



Desarrollo

Un día, un fariseo llamado Simón invitó a Jesús a comer en su casa. Jesús fue y se sentó a la mesa. En esa ciudad había una mujer conocida como pecadora. La Biblia no menciona el nombre de ella, pero nos cuenta que, cuando se enteró de que Jesús estaba en la casa de Simón, fue hasta allí. Seguramente ya había oído hablar de los milagros de Jesús, de su amor por las personas, de su misericordia hacia quienes sufrían, de cómo Jesús no despreciaba a las personas…

Ella llevó consigo un frasco de alabastro. El alabastro era una piedra que se usaba para hacer frascos pequeños, y el ungüento era un aceite perfumado. Imaginen la situación. Simón, una autoridad religiosa, y otras personas, junto con esa mujer pecadora. Sin duda, en otra situación, ella nunca habría entrado a esa casa. Pero Jesús estaba allí. Y ella entró. ¿Y saben qué hizo? Se acercó a los pies de Jesús y comenzó a llorar. Sus lágrimas mojaban los pies de Él. Ella enjugaba con sus cabellos, los besaba y les untaba el ungüento. ¡Qué escena memorable!

A esa mujer no le preocupaba lo que las personas pensarían de ella. Sabía que era pecadora, que necesitaba perdón y estaba a los pies de aquel que podía perdonarla. Simón miró los pecados de esa mujer, pero Jesús no. Él también sabía todo sobre ella. Conocía sus pecados y su pasado y, aun así, no la echó. Simón pensó: “Si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Lc. 7:39b.

Simón no habló en voz alta, pero Jesús conocía su pensamiento. Entonces le contó una pequeña parábola y, además, comparó la actitud de la mujer con la de Simón.

En aquella época, cuando se recibía a un visitante, era común realizar algunos gestos de hospitalidad. Como las personas caminaban por caminos polvorientos usando sandalias, era común ofrecerles agua para lavarse los pies. También había el beso de saludo y el aceite para ungir la cabeza.

Jesús le mostró a Simón que él no había hecho esas cosas. Simón no le había dado agua para lavarse los pies, mientras que aquella mujer le había mojado los pies con lágrimas y se los había enjugado con sus cabellos. Simón no lo había recibido con un beso, pero ella no dejaba de besarle los pies.

Simón no había ungido la cabeza de Jesús con aceite, pero aquella mujer le había ungido sus pies con ungüento (Lc. 7:44-46). Y, volviéndose hacia la mujer, declaró: “Tus pecados te son perdonados.” Lc. 7:48. Las personas que estaban allí comenzaron a preguntarse quién era Jesús, que incluso perdonaba pecados. Entonces Jesús mostró que tenía poder no solo para perdonar, sino también para salvar. Le dijo a esa mujer: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc 7:50.

¡Qué palabras maravillosas! Esa mujer llegó allí como pecadora, pero se fue perdonada y salva, porque creyó en Jesús. Ahora vamos a entender lo que el Señor quiere enseñarnos.

Esa mujer no podía volver al pasado y borrar lo que había hecho. Tampoco podía pagar por sus pecados. Pero hizo algo muy importante: fue a los pies de Jesús. Sus lágrimas mostraban un corazón arrepentido. Al enjugar los pies de Jesús con sus cabellos, mostró humildad. Al besar sus pies y untarlos con el ungüento, demostró amor y honra a Jesús. Las actitudes de esa mujer mostraban su fe, su arrepentimiento, su humildad, su amor y su gratitud. Por eso Jesús dice: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc. 7:50.

Esa mujer no lo merecía, pero alcanzó la salvación. Es aquí donde entendemos lo que es la gracia. Gracia es recibir de Dios aquello que no podemos conseguir por nosotros mismos y que no merecemos. Dios nos ofrece el perdón y la salvación por gracia, porque nos ama.

¿Y cómo recibimos esa salvación? Por la fe. Tener fe en Jesús no es solo saber que Él existe. Es confiar en Él como nuestro único Salvador. Esa mujer fue a Jesús porque creyó en Él. La Palabra de Dios enseña: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Ef. 2:8-9.

Vean qué simple es: la salvación es un regalo de Dios. No podemos comprarla ni merecerla. La recibimos por gracia, por medio de la fe en Jesús. Y esta historia nos enseña algo muy importante para nuestros días. Cuanto más reconocía esa mujer el perdón que necesitaba recibir, más demostraba lo importante que era Jesús para ella.

Y ahora volvamos a la pregunta del inicio: ¿Cómo está nuestro corazón en relación con Jesús? ¿Estamos amando más a Jesús? ¿Hemos deseado estar más cerca de él? ¿O hay otras cosas que están ocupando tanto nuestro corazón que estamos dejando a Jesús en segundo lugar?

En este mes, que es el mes de la Dedicación, acércate más a los pies de Jesús. El Señor quiere dar esta experiencia a los adolescentes. Y no debemos ir a Jesús solo un día, solo en este mes. Necesitamos ir a Él todos los días de nuestra vida. Ir a Jesús es buscar su presencia en oración, oír su voz en la Palabra, obedecer lo que Él nos enseña y confiar en Él en cada situación de nuestra vida.

Hoy no lavamos los pies de Jesús con lágrimas ni le llevamos un frasco con perfume. Pero podemos demostrar lo importante que es Jesús para nosotros con la manera en que vivimos. El arrepentimiento aparece cuando dejamos el pecado. El amor aparece cuando obedecemos la Palabra de Dios. La gratitud aumenta cuando reconocemos lo que Jesús hizo por nosotros en la cruz.


Conclusión

Hoy aprendimos más sobre la salvación: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…” Ef. 2:8a. Somos salvos por la gracia, por medio de la fe en Jesús. Y un corazón que comprende esa gracia anhela estar cada vez más cerca de su Salvador. Por eso, en este mes de la Fiesta de la Dedicación, tomemos la decisión de amar más a Jesús.

Busquemos más al Señor. Dediquémonos más a la Obra de Dios. Pidámosle al Señor un corazón humilde, dispuesto y agradecido, que le pertenezca solo a Él y que desee agradarle todos los días. Que nuestra elección sea estar cada día más cerca de Jesús, nuestro único Salvador.

Alabanzas Sugeridas: : Dame un corazón humilde y recto (164); Muchos motivos tengo (237); Jesús es nuestra victoria (239).

Pregunta para Adolescentes
Leyendo Leamos Efesios, capítulo 2, versículos 8 y 9, y respondamos: ¿Cómo somos salvos? Respuesta: Por la gracia de Dios, por medio de la fe. “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Efesios 2:8-9.


Material de la clase