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Clase de Intermedios

2ª Clase: La mujer del frasco de alabastro

Publicado em 10 de outubro de 2026

Tiempo de lectura:

4–7 minutos

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1.038 palavras

Índice

Tema: ¿Sabes tú lo qué es la salvación?

“Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc. 7:50.

El objetivo de la lección es mostrar que somos salvos por la gracia, por medio de la fe en Jesús, y que queremos amarlo cada día más, estar cerca de Él y dedicar nuestra vida a Él.


Introducción

Este mes, estamos aprendiendo más sobre la salvación en Jesús. También estamos celebrando la Fiesta de la Dedicación, que es cuando dedicamos aún más nuestra vida al Señor.

Y hoy vamos a pensar en una pregunta muy importante: ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Estamos amando más a Jesús? Vamos a conocer a una mujer que necesitaba perdón y fue a los pies de Jesús. ¿Qué le sucedió? Eso es lo que vamos a ver.



Desarrollo

Un día, un fariseo llamado Simón invitó a Jesús a comer en su casa. Jesús aceptó la invitación y fue hasta allí. En esa ciudad había una mujer conocida como pecadora. La Biblia no dice su nombre. Cuando supo que Jesús estaba en la casa de Simón, ella fue hasta allí.

Seguramente, ella ya había oído hablar de los milagros de Jesús, de su amor por las personas, de su misericordia hacia quienes sufrían, de cómo Jesús no despreciaba a las personas… Llevó un frasco de alabastro con ungüento. El alabastro era una piedra que se usaba para hacer frascos pequeños, y el ungüento era un aceite perfumado.

¿Saben qué hizo esa mujer? Fue hasta los pies de Jesús y comenzó a llorar. Sus lágrimas mojaban los pies de Él. Entonces ella enjugó los pies de Jesús con sus cabellos, los besó y los ungió con el ungüento. ¡Qué escena tan memorable! Esa mujer sabía que era pecadora y que necesitaba perdón. Pero Simón la miró y pensó: “Si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.” Lc. 7:39b.

Simón no habló en voz alta, pero Jesús sabía lo que estaba pensando. En aquella época, cuando alguien recibía a un visitante en su casa, era común realizar ciertos gestos de hospitalidad. Como las personas caminaban por lugares polvorientos con sandalias, era común ofrecer agua para lavarse los pies. También existía el beso de saludo y el aceite para ungir la cabeza.

Jesús le mostró a Simón que él no había hecho esas cosas. Simón no le había dado agua para los pies, pero aquella mujer había mojado los pies de Jesús con sus lágrimas y se los había enjugado con sus cabellos. Simón no lo había recibido con un beso, pero ella besaba los pies de Jesús. Simón no había ungido la cabeza de Jesús con aceite, pero aquella mujer había ungido sus pies con ungüento (Lc. 7:44-46).

Entonces Jesús le dijo a la mujer: “Tus pecados te son perdonados.” Lc. 7:48. Las personas que estaban allí comenzaron a preguntar entre sí quién era Jesús, que incluso perdonaba pecados. Y Jesús le dijo a aquella mujer: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc. 7:50. ¡Qué palabras maravillosas! Esa mujer fue hasta Jesús en busca de perdón y salió de allí perdonada y salva. Ella creyó en Jesús.

¿Y qué quiere enseñarnos el Señor con esta historia? Esa mujer no podía volver al pasado y borrar las cosas malas que había hecho. Pero se acercó a los pies de Jesús. Sus actitudes mostraban lo que había en su corazón. Sus lágrimas mostraban arrepentimiento.

Al enjugar los pies de Jesús con sus cabellos, ella demostró humildad. Al besar sus pies y cubrirlo con el ungüento, le demostró amor y honra a Jesús. Las actitudes de esa mujer mostraban su fe, su arrepentimiento, su humildad, su amor y su gratitud. Por eso Jesús dijo: “Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lc. 7:50.

Esa mujer no lo merecía, pero alcanzó la salvación. Aquí es donde aprendemos sobre la gracia de Dios. Gracia es recibir de Dios algo que no podemos conseguir solos y que no merecemos. La salvación es un regalo de Dios.

¿Y cómo recibimos este regalo? Por la fe. Tener fe en Jesús no es solo saber que Él existe. Es creer en Él y confiar en que Él es nuestro único Salvador. La Biblia nos enseña: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe.” Ef. 2:8-9. Vean cómo de simple es: la salvación es un regalo de Dios. No podemos comprarla ni merecerla. La recibimos por gracia, por medio de la fe en Jesús.

Ahora volvamos a la pregunta del inicio: ¿Cómo está nuestro corazón? ¿Estamos amando más a Jesús? ¿Está Jesús ocupando el primer lugar en nuestro corazón? Separa un momento para orar; prestar atención cuando te estén enseñando la Palabra de Dios; cantar alabanzas de corazón; obedecer al Señor incluso cuando tus compañeros hagan algo incorrecto; decir la verdad; obedecer a tus papás; y elegir lo que agrada a Dios.


Conclusión

Hoy aprendimos algo muy importante sobre la salvación: “Porque por gracia sois salvos por medio de la fe…” Ef. 2:8a. Somos salvos por gracia, por medio de la fe en Jesús. Aquella mujer creyó y fue a los pies de Jesús. Recibió perdón y salvación. Y su corazón demostró amor, humildad y gratitud al Señor.

En este mes de la Fiesta de la Dedicación, tomemos una decisión: amar más a Jesús, buscar más al Señor y dedicar más nuestra vida a Él. Pidamos a Dios un corazón humilde, dispuesto y agradecido. Un corazón al que le guste orar, oír la Palabra de Dios, obedecer al Señor y hacer aquello que le agrada. Que nuestra elección sea estar cada día más cerca de Jesús, nuestro único Salvador.

Alabanzas Sugeridas: Soy un niño feliz (28); Dame un corazón humilde y recto (164); Jesús es nuestra victoria (239).

Pregunta para Intermedios
Leamos Lucas, capítulo 7, versículo 50, y respondamos: ¿Qué fue lo que salvó a aquella mujer? Respuesta: La fe en Jesús. “Pero él dijo a la mujer: Tu fe te ha salvado, ve en paz.” Lucas 7:50.


Material de la clase