Tiempo de lectura:
Tamaño:
Índice
Tema: Los milagros de Jesús
“Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.” Mt. 8:2,3
El objetivo es despertarles al llamado del Señor a una vida de santificación y llevarlos a buscar en Jesús el perdón, para la purificación de todo aquello que les quita la comunión con Dios.
Observación: Las profesoras deben leer Mt. 8:1-4; 1 P. 1:13-25 y 1 P. 2:1-10 al estudiar la clase.
Introducción
Empecemos nuestra clase pensando en una cosa: ¿Alguna vez has hecho algo que sabías que no le agradaba a Dios? Quizás haya sido una mentira, una desobediencia o alguna cosa que hiciste a escondidas. Hoy vamos a conocer a un hombre que necesitaba ser limpio. Él sabía que necesitaba ayuda y tomó la decisión correcta: ¡fue hasta Jesús! Veamos qué hizo Jesús por ese hombre.
Desarrollo
Había un leproso que había oído hablar de Jesús. En aquel tiempo, la lepra era una enfermedad muy temida. Podía provocar la pérdida de la sensibilidad al calor, al frío, al dolor y al tacto. Según la ley, la persona declarada leprosa se consideraba impura y debía permanecer separada de las otras personas mientras permaneciera en esa condición (Lv. 13:44-46). Hoy en día ya no es así, pues la enfermedad tiene cura. ¡Imaginen cómo era de difícil la vida de aquel hombre!
Aquel día, Jesús descendió del monte y una gran multitud le seguía. Fue entonces cuando un hombre leproso se acercó a Jesús. Pero él tomó una decisión: se acercó a Jesús. Al llegar junto al Señor, le adoró y le hizo un pedido: “Señor, si quieres, puedes limpiarme.” Mt. 8:2b. ¡Qué pedido tan especial! Aquel hombre sabía que necesitaba ser limpio.
¿Y saben lo que hizo Jesús? Jesús extendió la mano, tocó a aquel hombre y le dijo: “Quiero; sé limpio.” E inmediatamente quedó purificado (Mt. 8:3). ¡Qué maravilla! Después, Jesús le mandó que se presentara al sacerdote y cumpliera lo que la ley determinaba. Ahora ya podía volver a casa, ir al templo y ser feliz.
¿Y qué aprendemos de este milagro? La condición de aquel hombre leproso representa el pecado, que contamina nuestra vida y nos quita nuestra comunión con Dios. Al igual que aquel hombre necesitaba ser limpio, nosotros también necesitamos que el Señor retire de nuestra vida aquello que contamina nuestro corazón. Y, muchas veces, todo empieza con una elección.
Sabes que no puedes mentir a tus papás, pero piensas: “Solo es una pequeña mentira”. Un compañero dice una palabra fea y empiezas a repetirla. Aparece un vídeo que sabes que no deberías ver, pero sigues viéndolo. Los compañeros empiezan a burlarse de un niño y te unes a ellos para no quedarte al margen. Empiezas a jugar o a ver cosas a escondidas de tus papás.
Son situaciones que pueden ocurrir el día a día. Por eso, debemos aprender a preguntarnos: “¿Esto le agrada a Dios?” La biblia dice: “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” 1 Pe. 1:15-16.
¿Se dieron cuenta? “En toda nuestra manera de vivir” Eso significa que queremos agradar a Dios en nuestra manera de vivir en la iglesia, en casa, en la escuela, cuando estamos jugando, cuando usamos el celular, cuando jugamos, cuando estamos con nuestros amigos. Incluso cuando nadie nos está viendo. Eso es vivir en santificación.
A veces, un compañero puede decir: “¡Todo el mundo lo hace!”. Pero, ¿solo porque todo el mundo lo hace, nosotros también debemos hacerlo? ¡No! Quien pertenece al Señor debe aprender a elegir lo que agrada a Dios. Quizás tus compañeros quieran ver algo que tú sabes que no es bueno. Quizás te inviten a hacer algo a escondidas de tus papás. Quizás alguien te diga: “¡No se lo digas a tu mamá!”.
¿Qué vas a hacer? En esos momentos, pídele al Espíritu Santo que te dé fuerzas para elegir lo correcto. Puedes decir: “No. No voy a hacer eso”. Y no tienes que tratar mal a tus compañeros ni creerte mejor que ellos. Simplemente estás eligiendo agradarle a Dios.
¿Y en Halloween? En los próximos días, en muchos lugares habrá fiestas de Halloween, también conocido como “Día de las Brujas”. En estas fiestas aparecen disfraces y decoraciones de brujas, fantasmas, la muerte y otros elementos relacionados con el miedo y la oscuridad. Tal vez se celebre en la escuela, en tu curso o quizá algún compañero te invite. Y alguien podría decir: “¡Solo es una broma!”
Pero hemos aprendido a hacernos una pregunta: “¿Esto agrada a Dios?”. Este tipo de celebración va en contra de la Palabra de Dios (Dt. 18:10-12) y no concuerda con una vida de santificación. Por eso, aunque otros niños participen, vamos a elegir no participar.
Debemos estar sensibles a la voz del Espíritu Santo. El pecado puede comenzar a parecer normal cuando nos acostumbramos a lo que no agrada a Dios. Por eso, queremos oír la voz del Señor y obedecer su Palabra.
La Biblia dice: “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” He. 12:14. ¿Y cuando hacemos algo malo? Tal vez alguien esté pensando: “Pero ya he hecho algo que no le agradó a Dios. ¿Y ahora?”
Recuerden a ese hombre. ¿Qué hizo él? Fue a Jesús. Nosotros también debemos buscar al Señor. Cuando hacemos algo malo, no debemos ocultarlo ni inventar una excusa. Debemos reconocer nuestro pecado, arrepentirnos y pedir perdón al Señor. La Palabra dice: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Jn. 1:9.
Conclusión
Como aquel hombre, tú también le perteneces al Señor. Por eso, no permitas que aquello que te aleja de Dios se convierta en algo normal en tu vida. Que exista en tu corazón el mismo deseo que tenía aquel hombre: “¡Señor, límpiame!”. ¿Y después? ¡Elige vivir en santificación! En casa, en la escuela, con tus amigos y en todo lo que hagas. ¡Elige vivir con el corazón limpio y muy cerca de Jesús todos los días!
Alabanzas Sugeridas: Estoy aquí para confesar (05); Dame un corazón humilde y recto (164); Con el Espíritu de Dios en mi vida (154).
Pregunta para Intermedios
Leyendo Hebreos, capítulo 12, versículo 14, respondamos: ¿Cómo podemos demostrar, ya sea en la escuela, en casa o con los amigos, que queremos vivir en santidad? Respuesta: Alejándonos del pecado y eligiendo hacer lo que agrada a Dios. “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.” Hebreos 12:14.
