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Clase de Adolescentes

1a Clase: La sanidad de un ciego de nacimiento

Publicado em 11 de setembro de 2026

Tiempo de lectura:

5–7 minutos

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1.140 palavras

Índice

Tema: Los milagros de Jesús

“y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.” Jn. 9:7

El objetivo de la lección es enseñar que, al escuchar y obedecer la Palabra de Dios, se abren nuestros ojos espirituales, nuestra vida es santificada y conocemos cada vez más al Señor Jesús.


Introducción

Muchas veces conocemos a una persona, sabemos quién es, pero no sabemos mucho sobre ella. Con el Señor Jesús también puede pasar lo mismo. Podemos escuchar hablar de Él, conocer las historias de la Biblia, pero el Señor desea que lo conozcamos cada día más.

En la clase de hoy, veremos a un hombre ciego de nacimiento que tuvo un encuentro con Jesús. A partir de ese día, fue conociendo cada vez más quién era realmente Jesús. Que, a través de esta enseñanza, también podamos conocer cada vez más al Señor Jesús.



Desarrollo

Un día, Jesús estaba en Jerusalén con sus discípulos, cuando vio a un hombre que era ciego de nacimiento. Los discípulos preguntaron quién había pecado para que él naciera ciego: ¿él o sus padres? Jesús respondió que no era por causa de un pecado específico de ese hombre ni de sus padres, sino para que en él se manifestaran las obras de Dios. Entonces declaró: “Entre tanto que estoy en el mundo, luz soy del mundo.” Jn. 9:5.

Ese hombre no podía ver la luz, pero Jesús, la luz del mundo, estaba frente a él y transformaría su vida para siempre.

Jesús se acercó al ciego, escupió en la tierra, hizo lodo con la saliva, le untó los ojos y le dio una orden: “y le dijo: Ve a lavarte en el estanque de Siloé (que traducido es, Enviado). Fue entonces, y se lavó, y regresó viendo.” Jn. 9:7. El hombre escuchó la palabra de Jesús y obedeció. Fue al estanque de Siloé, se lavó y regresó ¡viendo! ¡Aleluya! Por primera vez en su vida, podía ver.

Los vecinos se quedaron asombrados y le preguntaron cómo había sucedido eso. Él les contó: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista.” Jn. 9:11. ¿Vieron cómo se refirió a Jesús? “Aquel hombre que se llama Jesús”. Había experimentado el poder de Jesús, pero aún le quedaba mucho más por conocer del Señor.

Lo llevaron ante los fariseos, quienes comenzaron a interrogarlo sobre la sanidad. Cuando le preguntaron qué opinaba de aquel que le había abierto sus ojos, respondió: “Y él dijo: Que es profeta.” Jn. 9:17b.

Los fariseos siguieron interrogándolo y llegaron incluso a llamar a sus padres, quienes confirmaron que había nacido ciego. Pero aquel hombre se mantuvo firme en su testimonio de lo que había vivido y declaró: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” Jn. 9:25b. No sabía cómo responder a todo, pero nadie podía quitarle la experiencia que había vivido con Jesús. Los religiosos siguieron interrogándolo y, al final, lo expulsaron.

Jesús se enteró de que lo habían expulsado, fue nuevamente a su encuentro y le preguntó: “¿Crees tú en el Hijo de Dios?” Jn. 9:35b. Él respondió: “¿Quién es, Señor, para que crea en él?” Jn 9:36b. Entonces Jesús se reveló: “Pues le has visto, y el que habla contigo, él es.” Jn. 9:37b. Y aquel hombre respondió: “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:38.

La experiencia de este ciego nos trae una gran enseñanza. Él obedeció la palabra de Jesús y fue al estanque. El estanque de aguas nos enseña acerca de la Palabra de Dios que nos lava. La Biblia dice: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra.” Ef. 5:26.

Así como aquel hombre fue al estanque y se lavó, necesitamos escuchar, guardar y obedecer la Palabra de Dios. En la obediencia recibimos entendimiento de la Palabra, somos santificados, nuestra fe se fortalece y llegamos a conocer más a Jesús.

Y observen cómo fue creciendo el conocimiento de ese hombre acerca de Jesús. Primero, dijo: “Aquel hombre que se llama Jesús” (Jn. 9:11). Después declaró: “Que es profeta.” (Jn. 9:17b). Finalmente, cuando Jesús se le reveló como el Hijo de Dios, respondió: “Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:38.

¿Vieron la transformación? Jesús abrió los ojos de aquel hombre para que pudiera ver, pero también le abrió los ojos espirituales para que conociera quién era Jesús en realidad. Y eso es lo que el Señor hace con nosotros. Jesús es la luz del mundo y, cuando Él entra en nuestra vida, ya no tenemos que caminar en la oscuridad. La Palabra nos enseña: “Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.” Ef. 5:8.

Caminar en la luz es vivir de acuerdo con la Palabra: decir la verdad, obedecer, perdonar, amar, llevar una vida de oración, guardar el corazón del pecado y elegir lo que agrada al Señor. Por eso, cuando la Palabra nos muestra que cierta actitud no agrada a Dios, se nos abren los ojos espirituales. Empezamos a ver lo que antes no percibíamos y elegimos caminar en la luz.

La experiencia de aquel ciego también nos trae otra valiosa enseñanza: no solo queremos saber quién es Jesús o conocer las historias de la Biblia. Queremos conocerlo cada día más, por medio de su Palabra y de las experiencias que tenemos con Él. Que cada día de nuestra vida podamos buscar cada vez más a Jesús, disfrutando de su amor, de su paz…

Ese hombre también nos dejó un testimonio maravilloso: “una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo.” Jn. 9:25b.

Quizás no sepamos responder a todas las preguntas sobre la Biblia, pero podemos dar testimonio de lo que Dios ha hecho en nuestra vida e invitar a otras personas a que también conozcan a Jesús.


Conclusión

Ese hombre recibió la vista, pero también fue conociendo cada vez más quién era Jesús. Todo comenzó cuando escuchó la palabra del Señor y obedeció.

Nosotros también queremos escuchar y obedecer la Palabra de Dios, para crecer en el conocimiento del Señor Jesús. Y, cuanto más lo conozcamos, más desearemos servirlo y adorarlo: “Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:38.

Alabanzas Sugeridas: El Señor es mi luz y mi salvación (78); Quiero estar en tu presencia, oh Dios (155); La luz que brilla más que el sol.

Pregunta para Adolescentes
Leyendo Juan, capítulo 9, versículos 35 al 38, respondamos: ¿Qué pasó cuando Jesús se reveló al hombre que había sido ciego? Respuesta: Él creyó en Jesús como el Hijo de Dios y lo adoró. “Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró.” Jn. 9:38.


Material de la clase