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Índice
Tema: Los milagros de Jesús
“Y les dijo: Hijitos, ¿tenéis algo de comer? Le respondieron: No. Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.” Juan 21:5-6
El objetivo es enseñar que Dios nos ha llamado a vivir una vida con un propósito: seguir a Jesús y ser pescadores de hombres, cumpliendo ese llamado en obediencia a la voz del Señor.
Observación: Las profesoras deben leer Juan 21:1-14 al preparar la clase.
Introducción
Adolescentes, ¿qué hacen en su día a día? (Escuchar las respuestas) Son muchas cosas, ¿verdad? Pero, ¿acaso la vida se reduce solo a estudiar, divertirse, crecer, elegir una profesión, conseguir cosas y llevar a cabo nuestros propios planes? No. Dios nos ha llamado a una vida con un propósito. Y la pregunta es: “¿Cuál ha sido el propósito de tu vida?”. Y además: “¿Sabes cuál es el propósito de Dios para ti y cómo vas a cumplirlo?”. Eso es lo que vamos a ver hoy.
Desarrollo
Al comenzar su ministerio, Jesús llamó a doce discípulos para que estuvieran con Él. Algunos eran pescadores, hombres muy sencillos. Cada uno tenía su propia forma de ser, pero el Señor tenía un propósito para todos ellos. Jesús los prepararía para una gran misión. Tras resucitar, Jesús se apareció de nuevo a sus discípulos junto al mar de Tiberias. Aquel día estaban reunidos Pedro, Tomás, Natanael, Juan, Santiago y otros dos discípulos.
Pedro dijo: “Voy a pescar” Jn. 21:3a. Los demás respondieron: “Vamos nosotros también contigo” Jn. 21:3b. Pasaron la noche pescando y sabían muy bien cómo hacerlo. Sabían manejar la barca. Sabían echar la red. Pero aquella noche no pescaron nada (Jn. 21:3).
Imaginen: pasaron toda la noche trabajando. Echaban la red y no pescaban nada. Lo intentaban de nuevo y nada. Al amanecer, Jesús apareció en la playa. Jesús les preguntó: “Hijitos, ¿tenéis algo de comer?” Jn. 21:5a. Ellos respondieron: “No”. Y Jesús les indicó: “Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis” Jn. 21:6a. Podrían haber pensado: “Sabemos pescar. Ya lo hemos intentado toda la noche”. Pero no lo hicieron. Ellos obedecieron. “Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces” Jn. 21:6b
¡Qué diferencia! La barca era la misma. La red era la misma. Los pescadores eran los mismos. Pero ahora seguían las instrucciones de Jesús. Llegaron muchos peces y vieron que había sido Jesús quien lo había hecho. Los discípulos se dirigieron a la orilla llevando la red llena de peces. Cuando llegaron, Jesús ya les había preparado algo: “… vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pan” Jn. 21:9b. Jesús dijo: “Traed de los peces que acabáis de pescar” Jn. 21:10b.
Pedro sacó la red a tierra: “… llena de grandes peces, ciento cincuenta y tres; y aun siendo tantos, la red no se rompió” Jn. 21:11b. Entonces Jesús les dijo: “Venid, comed” Jn. 21:12a. Jesús tomó el pan y el pescado y se los dio. ¡Qué experiencia vivieron aquellos discípulos con Jesús!
¿Qué podemos aprender de esta experiencia de los discípulos? En primer lugar, había algo que aquellos hombres debían recordar. Cuando Jesús llamó a los que eran pescadores, les dijo: “Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres” Mc. 1:17. A partir de aquel día, tendrían un propósito mucho mayor en sus vidas: serían pescadores de hombres, alcanzando vidas para el Reino de Dios. Y Jesús también nos dejó esta misión: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura” Mc. 16:15.
Adolescente, tu vida tiene un propósito. No estás en este mundo solo para estudiar, crecer, elegir una profesión, trabajar, divertirte, tener tus propios planes y conquistar cosas. Jesús te ha llamado para que le sigas y alcanzar a otras personas. Y no tienes que esperar a ser adulto para vivir ese propósito. Puedes empezar ahora mismo. En el colegio. En tu familia. Entre tus amigos. Dondequiera que estés. Hay personas cerca de ti que necesitan conocer a Jesús.
Ahora piensen bien: aquellos discípulos sabían pescar, tenían experiencia, pero pasaron toda la noche sin pescar nada. Esa red vacía nos enseña algo: nuestra capacidad no es suficiente para cumplir el propósito de Dios. Necesitamos la dirección del Señor. Jesús ya había enseñado: “…porque separados de mí nada podéis hacer” Jn. 15:5b. Por lo tanto, no basta con conocer el propósito. Necesitamos cumplirlo bajo la dirección del Señor.
Los discípulos escucharon a Jesús y le obedecieron. Y esto se aplica a toda nuestra vida. Hoy en día se oyen muchas frases como: “Haz lo que quieras”. “Sigue tu corazón”. Pero quien sirve al Señor piensa de otra manera: “Mi vida tiene un propósito. Y quiero vivir ese propósito escuchando y obedeciendo al Señor”.
Por eso, antes de tomar una decisión, pregúntate: “¿Qué dice la Palabra de Dios al respecto?”. “¿Esta decisión encaja con el propósito que Dios tiene para mi vida?”. Vivir con un propósito es precisamente eso: no limitarme a hacer lo que me apetece, sino poner mi vida a disposición de Dios.
¿Y tú? ¿Estás dispuesto a echar la red cuando el Señor te dé una oportunidad? El mes que viene tendremos la evangelización de niños, intermedios y adolescentes. Esa será una oportunidad para poner en práctica esta enseñanza. Piensa desde ahora en las personas que conoces y que necesitan conocer a Jesús. Ora por esas personas. Pídele a Dios que prepare una oportunidad y te dé valor y orientación para invitarlas.
Pero no lo olvides: el objetivo no se limita a hacer una invitación para la evangelización. Ser pescador de hombres es estar dispuesto a que el Señor te utilice allí donde estés. Quizá mañana, en el colegio, surja una oportunidad. Quizá sea dentro de tu propia familia. Quizá sea a través de una conversación con un amigo. Nuestra parte es escuchar, obedecer y echar la red.
Y quizá pienses: “¿Qué voy a decir?”. En primer lugar, ora a Dios en el nombre de Jesús. Pide la guía del Espíritu Santo. Y, cuando llegue la oportunidad, no dejes que la vergüenza o el miedo a ser diferente te impidan obedecer. Pide al Señor que te dé el valor del Espíritu Santo.
Hay algo maravilloso en esta historia. Después de orientar a los discípulos en la pesca, Jesús también les alimentó. Nosotros también necesitamos permanecer cerca del Señor, alimentándonos de su Palabra y fortaleciéndonos con el Espíritu Santo. Para hablar de Jesús a los demás, primero necesitamos tener una experiencia con Él. Una vida con propósito es una vida cerca de Jesús.
Conclusión
Ahora ya lo sabemos: Dios nos llamó a una vida con un propósito. Jesús nos llamó a seguirle y a ser pescadores de hombres. ¿Y cómo vamos a cumplir ese propósito? Escuchando la voz del Señor y obedeciendo su Palabra. ¿Y tú? ¿Vas a vivir simplemente a tu manera o vas a vivir el propósito de Dios para tu vida? Elige vivir con un propósito. ¡Escucha al Señor, obedece su Palabra y deja que Dios te utilice para alcanzar a otras personas! Ora con fe: “Señor, cumple tu propósito en mi vida y haz de mí un pescador de hombres”.
Alabanzas Sugeridas: Mi alegría es crecer con mi Señor (49); Aquello que mejor existe (74); ¿Quién irá? (Preciosa semilla) (141).
Pregunta para Adolescentes
Leamos Juan, capítulo 21, versículo 6, y respondamos: ¿Cómo debemos cumplir el propósito para el que Jesús nos llamó? Respuesta: En dependencia y obediencia a su dirección. “Él les dijo: Echad la red a la derecha de la barca, y hallaréis. Entonces la echaron, y ya no la podían sacar, por la gran cantidad de peces.” Juan 21:6.
