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Clase de Adolescentes

1ª Clase: Zaqueo se arrepintió de sus pecados  

Publicado em 03 de outubro de 2026

Tiempo de lectura:

5–8 minutos

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1.291 palavras

Índice

Tema: ¿Sabes tú lo qué es la salvación?

“Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo: Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham.” Lc. 19:8-9

El objetivo de la lección es mostrar que, para recibir la salvación en Jesús, debemos reconocer y confesar nuestros pecados, arrepentirnos y abandonar aquello que no agrada a Dios.


Introducción

Este mes responderemos una pregunta muy importante: “¿Sabes tú lo que es salvación?” En cada clase aprenderemos un poco más sobre la salvación en Jesús. Pero comencemos nuestra clase preguntándonos: “¿Hay algo en tu vida que sabes que no agrada a Dios? ¿Estarías dispuesto a reconocerlo, pedir perdón y dejar de hacerlo?”. Hoy conoceremos a Zaqueo. Él tenía muchas ganas de conocer a Jesús, pero ese encuentro demostró que no bastaba con verlo desde lejos. Algo tenía que cambiar en su vida. Y eso es lo que veremos hoy.



Desarrollo

El Señor Jesús hacía largas caminatas, yendo de un lugar a otro, anunciando el Reino de los cielos. Un día, Jesús entró en Jericó, y una multitud lo seguía. En esa ciudad vivía un hombre llamado Zaqueo. Era jefe de los publicanos y era rico. Los publicanos cobraban impuestos para el Imperio Romano. Zaqueo ocupaba un puesto importante entre ellos.

Cuando se enteró de que Jesús pasaba por allí, Zaqueo quiso verlo. Pero había un problema: era pequeño y la multitud le impedía ver a Jesús. Entonces Zaqueo corrió más adelante y se subió a un árbol para ver a Jesús. Ni siquiera le importó lo que la gente pensaría al ver a un funcionario importante en lo alto de un árbol. Pero sucedió algo que no esperaba. Cuando Jesús pasó, se detuvo, miró hacia arriba y dijo: “Zaqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario que pose yo en tu casa.” Lc. 19:5b.

¡Qué sorpresa para Zaqueo! Jesús lo conocía, sabía su nombre y también sabía cómo vivía. Zaqueo bajó rápidamente y recibió a Jesús con alegría en su casa. Cuando la gente vio eso, comenzó a murmurar porque Jesús había entrado en la casa de un hombre al que consideraban pecador. Pero fue dentro de esa casa donde ocurrió algo maravilloso. Zaqueo se levantó y dijo: “He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo devuelvo cuadruplicado.” Lc. 19:8.

Defraudar significa quitarle a alguien lo que no le corresponde, actuando de manera deshonesta. Zaqueo reconoció que había pecado. Ante Jesús, no intentó justificar sus acciones ni ocultar lo que había hecho. Y demostró su arrepentimiento mediante una decisión concreta: estaba dispuesto a reparar el daño que hubiera causado.

Entonces Jesús dijo: “Hoy ha venido la salvación a esta casa; por cuanto él también es hijo de Abraham. Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.” Lc. 19:9b-10. Zaqueo quería ver a Jesús. Pero Jesús quería hacer algo mucho más grande: salvarlo.

Esta historia nos ayuda a comprender con mayor profundidad qué es la salvación. La salvación significa dejar de conocer a Jesús desde lejos y pasar a tener una experiencia personal con Él. Pero tal vez pienses: “Pero yo nací en la iglesia. Voy a la Escuela Bíblica, conozco las alabanzas, conozco la Palabra de Dios. ¿Acaso esta enseñanza también es para mí?” Sí. Todos necesitamos reconocer cuando hacemos algo que no agrada a Dios.

Cuando reconocemos que hemos pecado, no necesitamos ocultar nuestro error. Podemos confesárselo al Señor, pedir perdón y arrepentirnos. Y aquí hay una diferencia importante entre que nos descubran y arrepentirnos. A veces, un adolescente hace algo malo y solo lo admite porque sus papás se dieron cuenta. Borra una conversación para que nadie la vea. Les oculta a sus papás lo que está viendo. Miente sobre dónde estuvo. Habla de una manera con su grupo de amigos que no usaría delante de sus papás. Cuando alguien se da cuenta, surge el miedo a las consecuencias.

Pero el arrepentimiento es diferente. El arrepentimiento ocurre cuando reconocemos ante Dios: “Esto está mal. He pecado. No quiero seguir viviendo así”. Zaqueo podría haber recibido a Jesús en su casa, haberse alegrado y haber seguido viviendo de la misma manera. Pero no fue eso lo que pasó. El encuentro con Jesús generó un cambio, generó conciencia del pecado.

Tú eres un adolescente. Ya eres consciente de tus acciones. Tu salvación no puede depender de que tus padres estén a tu lado diciéndote qué está bien o qué está mal. Ya sabes tomar decisiones ante Dios y ya eres consciente del pecado. Ya sabes que el pecado nos aleja del Señor y nos hace perder la comunión con Él.

Hoy, Jesús nos da la oportunidad de arrepentirnos. Él envía a su Espíritu Santo para que reconozcamos el pecado, nos arrepintamos y busquemos el perdón del Señor. La Palabra dice: “Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno.” Sl. 139:23-24.

Tal vez esa deba ser tu oración de hoy: “Señor, muéstrame lo que hay en mí que no te agrada. Examina mi corazón”. Y cuando el Señor te lo muestre, no lo ocultes. No trates de justificarte. Haz como Zaqueo: confiesa. La Palabra nos enseña: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Jn 1:8-9. ¡Aleluya!

Cuando reconocemos y confesamos nuestros pecados, encontramos en el Señor perdón y purificación. Pero Zaqueo nos enseña algo más: el arrepentimiento no se limita a las palabras. Él no se limitó a decir: “Me equivoqué”. Tomó la decisión de cambiar.

Si me doy cuenta de que una conversación me está alejando de Dios, debo alejarme de ella. Si me doy cuenta de que les estoy mintiendo a mis papás, debo dejar de mentir. Si hay algo en mi celular que no le agrada a Dios, debo deshacerme de ello. Si traté mal a alguien, voy a pedir perdón. Si estoy haciendo a escondidas algo que sé que no debería hacer, debo decidir: “No quiero seguir así”. Eso es arrepentimiento: reconocer el pecado y cambiar de camino.


Conclusión

Zaqueo reconoció su pecado, se arrepintió y tomó la decisión de cambiar. Y Jesús declaró: “Hoy ha venido la salvación a esta casa…” Lc. 19:9b. Este mes aún vamos a aprender mucho sobre la pregunta: “¿Sabes tú lo que es salvación?”. Pero hoy aprendimos algo fundamental: no podemos desear la salvación y, al mismo tiempo, elegir permanecer en el pecado.

Si el Espíritu Santo te está mostrando algo que no agrada a Dios, no lo ocultes. No lo justifiques. No sigas haciéndolo. Confiésalo al Señor. Pide perdón. Arrepiéntete. Y toma la decisión de abandonar aquello que te aleja de Dios. Jesús vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.

Alabanzas Sugeridas: : Aquí estoy para confesar (05); Buscad al Señor (18); Jesucristo es el amado (48).

Pregunta para Adolescentes
Leyendo la Primera Carta de Juan, capítulo 1, versículo 9, respondamos: ¿Qué debemos hacer cuando reconocemos que hemos pecado? Respuesta: Debemos confesar nuestros pecados al Señor, pedir perdón y arrepentirnos, decidiendo abandonar todo aquello que no agrada a Dios. “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.” 1 Juan 1:9.


Material de la clase