Tiempo de lectura:
Tamaño:
Índice
Tema: ¿Sabes tú lo qué es la salvación?
“Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Jn. 3:3
El objetivo es mostrar que Dios nos ofrece la salvación por la fe en Jesús y que el nuevo nacimiento nos hace tener una vida transformada por la Palabra de Dios y dirigida por el Espíritu Santo.
Observación: Las profesoras deben leer Juan 3:1 al 21.
Introducción
Adolescentes, imaginen a alguien que habla de la Biblia e incluso de Dios. ¿Significará que esa persona ya ha experimentado la salvación? Hoy vamos a conocer a un hombre que sabía mucho sobre las Escrituras, pero Jesús le mostró algo que aún necesitaba comprender. ¿Qué será lo que le faltaba a este hombre? ¿Y qué podemos aprender de su experiencia?
Desarrollo
La Biblia nos cuenta sobre Nicodemo. Era fariseo, es decir, pertenecía a un grupo religioso judío que estudiaba mucho la Ley de Moisés y cumplía rigurosamente sus mandamientos y tradiciones. Nicodemo era uno de los principales líderes religiosos y maestros de Israel, pues conocía las Escrituras y las enseñaba al pueblo. Cierta noche, fue a buscar a Jesús.
Ciertamente, al ser un líder religioso, Nicodemo temía que lo vieran hablando con Jesús, ya que muchos fariseos no aceptaban sus enseñanzas. Quizás deseaba hablar con Jesús con más tranquilidad, lejos de las multitudes. Lo importante es que Nicodemo reconocía que los milagros de Jesús no habrían ocurrido si Dios no estuviera con Él.
Al encontrarse con Jesús, dijo: “Rabí, sabemos que has venido de Dios como maestro; porque nadie puede hacer estas señales que tú haces, si no está Dios con él.” Jn. 3:2b. Rabí significa “mi maestro”. Y Jesús comenzó a enseñarle a Nicodemo: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Jn. 3:3b. Nicodemo no lo entendió. ¿Nacer de nuevo? ¿Cómo puede un hombre adulto nacer otra vez? ¿Acaso es posible volver al vientre de su madre? Él pensaba en el nacimiento físico, pero Jesús hablaba de un nacimiento espiritual.
Jesús explicó: “que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.” Jn. 3:5. Y continuó: “Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es.” Jn. 3:6. Jesús mostró que el nacimiento natural, por el cual recibimos la vida física, es diferente del nuevo nacimiento, que proviene de la acción del Espíritu Santo. Y para explicarlo mejor, utilizó el ejemplo del viento.
El viento sopla; oímos su sonido y podemos sentirlo, pero no conseguimos verlo ni determinar de dónde viene ni hacia dónde va. Así es también la acción del Espíritu Santo en la vida de quien nace del Espíritu. Nicodemo preguntó: “¿Cómo puede hacerse esto?” Jn. 3:9. Jesús le mostró entonces que, aunque era maestro en Israel, no sabía nada acerca de la nueva vida en Jesús.
Jesús siguió explicando y reveló una de las mayores demostraciones del amor de Dios: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Jn. 3:16. ¡Qué revelación maravillosa! Jesús le mostró a Nicodemo que Dios amó tanto a la humanidad que envió a su propio Hijo para ofrecer la salvación. La vida eterna no se obtendría mediante el conocimiento de la Ley, la posición religiosa ni las buenas obras. Se alcanzaría por la fe. Era necesario creer en el Hijo de Dios.
¿Se dieron cuenta que todo lo que Jesús le enseñó a Nicodemo está relacionado con la salvación? Jesús mostró que era necesario nacer de nuevo y que la vida eterna es recibida por aquellos que creen en Jesús, el Hijo de Dios. No somos salvos porque tenemos una religión. Somos salvos por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesús. “…para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Jn. 3:16b.
Y esa salvación no nos permite seguir viviendo de la misma manera. Es necesario nacer del agua y del Espíritu. El agua nos habla de la acción purificadora de la Palabra de Dios. La Biblia dice: “para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra” Ef. 5:26. Cuando escuchamos y recibimos la Palabra de Dios, aprendemos sobre el amor de Jesús, conocemos el camino de la salvación y comprendemos cómo Él desea que vivamos. La Palabra también nos muestra lo que debe cambiar en nuestro corazón y nos lleva al arrepentimiento.
Pero Jesús no solo habló del agua. También habló del Espíritu Santo. Es el Espíritu Santo quien opera el nuevo nacimiento y nos capacita para vivir de acuerdo con la Palabra de Dios. Jesús prometió: “Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.” Jn. 14:26. ¡Qué promesa! El Espíritu Santo es como el viento. No vemos el viento, pero percibimos su acción.
Lo mismo ocurre con el Espíritu Santo: no lo vemos con nuestros ojos, pero podemos sentir su acción transformadora en nuestra vida. Él nos ayuda a reconocer nuestros errores, a comprender la Palabra de Dios y a elegir lo que agrada al Señor. ¿Y saben qué es lo maravilloso? No tenemos que enfrentar solos las dificultades de la vida. El Espíritu Santo nos ayuda, fortalece nuestra fe y nos recuerda las enseñanzas de Jesús.
Piensen en un adolescente que acostumbraba mentir. Al escuchar la Palabra de Dios, el Espíritu Santo le hace comprender que Jesús es la verdad. Entonces, decide hablar la verdad, incluso cuando eso significa reconocer que se equivocó. O imaginen que, en casa, un adolescente era rebelde con sus papas. Pero ahora el Espíritu Santo le hace recordar las enseñanzas de la Palabra, que nos dicen que honremos a nuestro papá y a nuestra mamá. Entonces, elige tratar a sus papás con respeto y honrarlos. ¡Es la Palabra de Dios la que guía nuestras decisiones y el Espíritu Santo el que nos ayuda a ponerla en práctica!
Y en este mes de la dedicación, el Espíritu Santo nos lleva a dedicar aún más nuestra vida al Señor. ¿Y qué significa esa dedicación? Es entregarle nuestro corazón, nuestros pensamientos, nuestro tiempo y nuestras decisiones. ¡Jesús nos amó tanto que dio su vida para salvarnos! Entonces, ¡entreguemos aún más nuestra vida al Señor, dejando que el Espíritu Santo nos transforme y nos conduzca cada día más cerca de Jesús!
Conclusión
Adolescentes, la salvación no es tener una religión. ¡Es creer en Jesús como Salvador y tener una nueva vida transformada por la Palabra de Dios y dirigida por el Espíritu Santo! Deja que la Palabra de Dios y el Espíritu Santo guíen tus decisiones todos los días de tu vida.
Pero recuerden: el mensaje de hoy no se trata solo de lo que debemos dejar atrás. ¡Se trata principalmente de la vida maravillosa que Jesús nos ofrece! Una vida de comunión con Dios, de alegría, de paz, de dirección del Espíritu Santo y de esperanza en la vida eterna.
¡No esperes llegar a la edad adulta para vivir esta experiencia! Cree en Jesús como tu Salvador, busca al Señor en oración y elige vivir de acuerdo con su Palabra, dejándote guiar por el Espíritu Santo. ¡Las cosas viejas ya pasaron! ¡En Jesús, todo se hace nuevo! “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.” 2 Co. 5:17.
Alabanzas Sugeridas: Cierto hombre, príncipe de los judíos (Nicodemo) (89); Quiero oír (40); Nuestras vidas son cambiadas (186).
Pregunta para Adolescentes
Leyendo Juan, capítulo 3, versículo 3, respondamos: ¿Qué significa nacer de nuevo? Respuesta: Es recibir una nueva vida en Jesús, siendo transformado por la acción del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios. “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Juan 3:3.
